Oh la Navidad

Imagen

Oh la Navidad

El tema de la Navidad en Estados Unidos y en especial en Nueva York, es todo un suceso. En lo personal, éste año me ha costado un poco más de trabajo darme cuenta que ya estamos en épocas decembrinas, pero eso no quita que a donde uno dirija la mirada, haya algo festivo a todo color.
Empecemos por el maldito frío. Sí, me vale, hace frío y es maldito. Yo solía decir que amaba el frío por el tipo de ropa que se usa, porque te dan ganas de estar acurrucadita en tu cama, cafesito y la cuestión. Claro.
Acá tengo que estar como vil esquimal sin poder moverme mucho porque entre que traigo los guantes, el abrigo, abajo la chamarra, las orejeras, no puedo más que hacer malabares cada que quiero tomar una foto o simplemente abrir una puerta. A todo esto, agrégale el temido viento. Ya me di cuenta que yo en Chicago no podría vivir, porque literalmente mis ojos terminan llorando de tan secos que están, mi cabello es una maraña, y mis dedos de las manos están al borde de romperse de tan congelados.
Esa es la única parte que digo: chin, el frío en Guadalajara es más a gusto.

A pesar de todo el sufrimiento invernal, hay una parte que me hace sonreír y trabajar mi cuello a cada rato porque hay cosas que ver en todas partes!
Hagamos un trabajo de imaginación. Sitúense en Nueva York, año 2012. Van caminando sobre la calle de Broadway haciéndose paso entre todas las personas que hay, la mayoría de ellas cargando las bolsas de sus compras, ya sea de Michael Kors, Sephora, J. Crew, Macy’s, etc. Todo es amigable, la mayoría está sonriendo. De repente, escuchan unas coquetas campanitas al son de una canción navideña. Oh sorpresa que justo a la orilla de la banqueta hay un señor vestido de traje y con un sombrero muy peculiar tocando una campanita mientras baila y sonríe, esperando las donaciones de las personas que pasen. Imaginen que baila con The Beach Boys de fondo.
Ustedes se alegran. Siguen caminando. Las decoraciones son increíbles. Justo afuera del edificio de McGraw Hill (el que se usó para The Devil Wears Prada), y cruzando la calle de Magnolia Bakery (Carrie y Miranda de Sex and the City iban ahí) ustedes divisan unas enormes esferas rojas navideñas. Están vistiendo la calle de una manera muy elegante, sirviendo de fondo para muchas personas que se quieren tomar fotos. Unos pasos más adelante, hay unos focos de arbolito gigantes también; todo esto enmarcado por los cientos de árboles que bordean las calles vestidos de lucecitas blancas que despiden una magia un tanto difícil de plasmar en fotos.

Es muy notoria la sensación de felicidad y calma emocional, donde no importa todo lo que caminas o las veces que te tropiezas con los peatones. Todo eso pierde importancia porque tú estás feliz de que hay un sentimiento universal de alegría, humildad e igualdad. Te sientes ligero, como que fluyes junto con el ambiente que te hace sonreír sin que te des cuenta. Las palabras navideñas salen naturalmente de tu boca cada que compras algo: ‘Merry Christmas to you too!’. Sientes un impulso de abrazar a la gente, de ayudar a los ‘homeless’, saltar, organizar un flashmob y cantar cual musical para que todos se te vayan uniendo poco a poco en las calles neoyorquinas.
Obviamente que no hago todo esto que pasa por mi mente, pero se queda dentro como en una botellita que va despidiendo buenas vibras. Eso es lo que, en conjunto, hace el espíruto navideño en Nueva York.

Pienso que no puedo dejar pasar este momento, y a falta de fotógrafo personal, siempre volteo con alguna persona que esté pasando cerca y le pido muy amablemente que me tomen una foto. En estos lugares, todos terminamos siendo fotógrafos o ayuda vial. Por lo mismo, la otra persona acepta ayudar y al terminar ambos sonreímos diciendo ‘Merry Christmas!’.
Qué momento tan agradable.

Hay algo que a mí me sigue sorprendiendo no matter what: el nivel de ventas, marketing, ofertas y demás, es impresionante. Jamás había vivido tanto sentido de compra, y sobre todo online. Todas las tiendas tienen mega promociones, los mostradores están hermosamente decorados que incluso son un punto de atracción en la ciudad. Uno que me gustó mucho fue Fendi en la Quinta Avenida, ya que quién sabe cómo, simularon estalactitas de hielo en la fachada.
Todo es ‘Buy’, ‘Sale’, ‘Promotion’, que terminas queriendo hasta lo que no necesitas. Una cosa también a considerar es que Nueva York es el centro de la moda, así que básicamente te quieres comprar toda la ropa habida y por haber.

Se respira, se huele la Navidad entre las compras, la gente, las sonrisas, los sonidos, el frío y la vida que sigue su curso pero ahora con la cerecita en el pastel que es el saber que se acerca una fecha muy especial, culpable de que las casas y calles estén preciosamente decoradas con lucecitas y árboles navideños.

Me imagino lo que me depara para Año Nuevo…

Villa Milano

Villa Milano

Todo comenzó como una sencilla pregunta que me acechó cuando iba yo caminando por ahí de las diez y media de la noche hacia mi casa de regreso de la estación del tren. Todos los postes de luz tenían amarrada una gran rama seca con un listón naranja, a lo que pensé: ‘Obviamente no es Domingo de Ramos, entonces, qué será?’. La curiosidad guió a Mariana a un par de señores con delantal azul marino que estaban fumando afuera de un restaurante de comida italiana al que yo ya había ido semanas antes y por lo tanto reconocí sus caras. La razón de dichos listoncillos coquetos era para anunciar la época de cosechas y ‘Thanksgiving’. Cada día se aprende algo nuevo. Me parece que el hecho de que me haya acercado a ellos para resolver mi duda les cayó perfecto porque me preguntaron de dónde era, y cuando les dije que de México, su sonrisa no pudo haber sido más grande junto con un grito de ‘Orale, orale, messicana!’. Platicamos por un momento y sólo eso bastó para que me cayeran extremadamente bien, y claro que les aseguré que regresaría por un pedazo de pizza.

Nunca imaginé que en ese momento había comenzado lo que sería una excelente amistad con los dueños de mi lugar favorito en el pueblo: Villa Milano.
Este lugar al que el dueño, Dan, define como una Trattoría, cuenta con un amplio menú de comida italiana ideado por él mismo con sus conocimientos de chef de Brooklyn.

La historia comenzó hace 26 años cuando él, su hermano y el amor por sus raíces italianas los hicieron buscar un lugar donde pudieran compartir esa comida con la gente. Fue así como encontraron el local actual situado en Plandome Rd, Manhasset, NY, donde en una de las paredes pintaron con blanco una leyenda en italiano que obviamente ‘entendí’ cada una de las palabras: ‘Per i buon gustai della cucina italiana benvenuti a Villa Milano’.

Ya cuando su hijo estuvo más grandecito, se unió al equipo, entonces ahora los dueños son Dan, John (uno de los señores con el delantal azul) y Eli. Todos ellos y los que trabajan ahí haciendo las pizzas o ‘pyes’, como ellos les dicen, tienen una personalidad de lo más amable que te hace sentir cómodamente en casa.

Lo que más me gusta además de la hospitalidad con la que te tratan, es la variedad y el sabor de las pizzas. Hechas con una delgada y crujiente base, encontramos que hay una de puro queso con muchísima espinaca, pepperoni, de puro queso, con carne molida, margherita, sin queso, muchas otras y la que amaré por siempre: la pizza César. Imágínense una ensalada César. Ahora, en vez de plato, pónganla encima de pan de pizza. Listo! Jamás se me hubiera ocurrido y ha sido una de las cosas más ricas que me ha presumido Nueva York.
Como yo ya era ‘miguis-miguis’ de todos los del restaurante, siempre que entraba, escuchaba que me gritaban: ‘Mariana, messicana! How’s Mexico doing?’, y yo no podía más que reirme de verlos tan entusiasmados en su trabajo, y así como me recibían a mí, con ese mismo cariño atendían a todas las personas.

Ya me he ganado un té helado gratis, mesa especial en la zona couture del lugar y una vez que llevé a mis amigas que venían de visita, nos dejaron abrir una pequeña e inocente botellita de vinito tinto, o más bien, sidra que traíamos desde una farmacia de Times Square. Esa noche nos prepararon una pizza de puro queso precioso sólo para nosotras, justo cuando ya estaban por cerrar.
Cuando fue el huracán Sandy, el restaurante siguió funcionando con la ayuda de una planta de energía, y me tocó ver que fue un cliente que al parecer también es amigo suyo. El señor fue a recoger tres lasagnas, y saben en cuánto le salió? En NADA. El dueño casi casi le ordenó que no le pagara, que se fuera y disfrutara de su comida, ya que seguramente tenía cosas más importantes que pagar que un poco de pasta y carne.

Así son éstas personas y éste lugar: amables. Dan, el dueño, me dijo que ha escuchado que cuando la gente hace referencia a Villa Milano, dicen que se sienten como en el viejo programa ‘Cheers’ porque es un lugar ‘where everybody knows your name’.

Villa Milano en Facebook:

https://www.facebook.com/pages/Villa-Milano-Pizza/182694028425696

Comentarios sobre el restaurante:

http://www.yelp.com/biz/villa-milano-manhasset

Lo que Sandy se llevó

Lo que Sandy se llevó

La verdad no me había enterado de que habría un huracán hasta dos días antes de que sucediera. Una que se la vive dentro de la casa cuidando pequeñuelas no tiene mucho tiempo para andar checando qué pasa con el clima. Mis jefes sonreían cada que me veían, diciendo: ‘Será tu primer huracán! Qué sientes?’. Pues, nada. No sé que sentir, si ustedes no están corriendo por las calles asustados, entonces no me voy a alterar.

Sus primeras instrucciones fueron respecto a la energía: seguramente la íbamos a perder, por lo que había que poner lavadoras y secadoras con todo lo que se pudiera, bañarnos, usar el internet como un despido a la teconología, y cargar todos los aparatos electrónicos. Lo único que observaba era a los señores corriendo de lado a lado, yendo al super por comida que no se fuera a echar a perder sin refrigeración, baterías, velas ‘de a mentis’ para que las pequeñas no se quemaran, dando últímos detalles a su trabajo en la computadora, escuchando la radio para saber lo que iba pasando con el huracán de nombre Sandy, y metiendo a la casa todo mueble de jardín y decoración de Halloween que estuviera fuera y se viera potencialmente débil.

La casa estaba prácticamente hermética. Donde yo empecé a hiperventilar fue cuando me platicaron que normalmente con este tipo de tormentas, la energía se va por más o menos una semana, tiempo en el que no puedes salir mucho de casa porque básicamente no hay nada que hacer (todo está muy disperso entonces no hay tienditas cerca), hay cables por todos lados y es mejor quedarte calientito… mientras el calor de la calefacción durara. Por mi parte, comencé a avisar a familia y amigos que estaría incomunicada por un buen rato y que no se preocuparan. Repito: mis jefes no andaban histéricos, entonces mantuve la calma. Fue hasta que comencé a escuchar las noticias del después y la preocupación de las personas, que me di cuenta de lo grave que estuvo, pero ya llegaré a esa parte.

Estaba yo felizmente jugando a no se qué con las niñas, cuando de pronto: Flash! La chica del bikini azul! Bueno, fue más bien un: Con el apagón, qué cosa sucede? Así, nos quedamos como venados lampareados en lo que nos caía el veinte de que la época de penumbra y encerrón comenzaba. Y apenas era la una de la tarde. Empezaron los fuertes vientos y el frillito, pero nosotros seguimos normal. A medida de que iba anocheciendo, cosa que acá sucede a las cinco de la tarde, santo ventarrón que se veía por las ventanas. Los árboles tal cual como en las películas se iban de ladito y las pobres hojitas aferrándose mientras se escuchaba el aullido del viento como película de terror, y todavía se sentía más pues la casa está en pura zona boscosa. Otro sonido que se escuchaba era el de la madera de los árboles tronar, un sonido bonito, pero no tan placentero.

Era la hora de cenar y al estar todo oscuro, prendimos las dizque velas que hasta efecto de vela de cera hacen para que nos iluminaran los platos. Algo que me dio risa fue que la estufa que normalmente funcionaba de manera eléctrica, ahora tenía que ser prendida con un cerillo o encendedor, entonces mi jefa súper asustada cuando la intenté prender con un cerillo dándome instrucciones con paso uno, paso dos para prenderla cuando yo la verdad ni la escuché y la prendí como si nada. Se me quedó viendo diciendo: ‘Eso es peligroso!’. Viviendo en México, eso es cosa de todos los días queridis; hasta con una servilleta hecha taquito te la echo a andar.

Pensé que sería un pedacito de infierno estar encerrada en la casa, trabajando diez horas diarias seguidas porque obviamente se cancelaron las clases, entonces las pequeñas que suelen levantarse como a las siete y media de la mañana estarían bajo mi cuidado todo ese tiempo sin oportunidad de salir con sus amiguitos o mínimo al jardín. Al final fue sencillo porque mal criarlas fue algo necesario: acorde a sus padres, para que la comida no se echara a perder, podían comer lo que quiseran mientras se lo terminaran. Viene la nieve, viene el yoghurt lleno de azúcar, vienen las uvas y los palitos de queso. Cosa más maravillosa no me pudo haber pasado.

Nos teníamos que poner de acuerdo para abrir el refigerador y sacar cuanta cosa quisiéramos en el momento y así evitar que perdiera frío. Como niña del periódico andaba yo por la casa: ‘Le haré de comer a las niñas, qué quieren del refri? Bueno, eso en un lindo inglés claro 🙂

Hasta ahora, están pensando lo mismo que yo? Sí. Estilo de vida de búnker. Sin energía, otra cosa que no serviría era el lava vajillas, entonces mis jefes como si fuera una gran pérdida diciendo que ahora tendríamos que lavar las ollas con agua fría. De verdad no saben de dónde viene una. Esta personita era la más feliz lavando lo que no fuera plato o cubierto desechable, es tan relajante! Así que por mi parte no hubo problema, pero ellos parecieron extrañar ese artefacto bastante. Ahora, para no andar lavando todo el tiempo (claro, porque tiempo no tendríamos de sobra), teníamos que usar puras cosas desechables: vasos, platos, cubiertos.

Debo decir que al final era agradable cenar a la luz de las ‘velas’ y comer mil cosas como todo un banquete para después terminar todos dormidos en el sótano por aquello del árbol que pudiese caer sobre la casa en la noche. Irónicamente, era yo la única con un cuarto hecho y derecho esa noche (mi cuarto está abajo), mientras que la familia durmió en un sofá-cama juntitos para no perder calor.

Al día siguiente, cual mañana de Navidad, todos asomándonos curiosos a las ventanas para ver cómo había quedado todo. Resultado: el árbol enorme de la vecina de enfrente totalmente caído bloqueando la calle, cables tirados por todos lados, hojas por doquier, el espejo lateral del carro roto por una rama, eso fue todo. Ah claro, seguíamos sin luz ni agua caliente, pero la esperanzada de yo continuaba preguntando si por alguna razón tendríamos energía pronto. Una cara triste era lo único que obtenía de respuesta.

Mi celular tenía un poco de batería, entonces aproveché para mandar algunos mensajes preguntando a amigas de la zona si estaban bien y todas contestaban lo mismo: árboles caídos, sin luz, encerradas, pero bien. La señal no era muy buena, pero la radio servía perfecto. Escuchábamos cosas tipo: muchas casas fueron afectadas, una señora perdió la vida porque pisó un charco donde había un cable y se electrocutó, los super mercados están vacios, etc. Amigos de los señores llamaban a sus celulares para ver cómo estábamos, y yo, sin poder contactar a mi familia.

Lo impresionante de todo fue la movilización de las personas. Al segundo día ya teníamos gente afuera de la casa checando el cableado y cortando los árboles caídos en pedazos para poder recogerlos y limpiar las calles. Es lo bueno de que toda la locura climática haya durado un solo día, aunque lo demás se prolongaría hasta el 11 de noviembre. Algunos árboles cayeron sobre el techo de las casas, y uno que otro carro pasó a ser inservible, pero la mayoría de la personas de mi zona estaban sanas y salvas, lo grave fue en la mera costa.

Seguíamos con vida búnker, pero ahora la familia regresó a sus cuartos ya sin amenaza de que un árbol cayera sobre su cama o algo por el estilo. En lo personal, se me llegaban a olvidar las reglas de nuestro estilo de vida pasajero, entonces ahí me veían sirviéndome agua de la llave como normalente lo hacía, sin recordar que los filtros no servían; agarrando vasos de vidrio y dejando a un lado el agua embotellada. Seguía pensando que la cosa no sería tan grave y que para el próximo fin de semana podría irme a NYC en tren tranquilamente, pero claro que por supuesto que las líneas del tren no servían, y no lo harían en un buen rato. Era de vital importancia arreglar el medio de transporte principal de las personas, ya que es como la gran mayoría de ellas llegan a su trabajo. Todo se detuvo y al mismo tiempo se agilizó para arreglar los daños.

El lado bueno? Pudimos disfrutar de momentos muy amenos sin distracciones de celular o trabajo, porque lo único que había para hacer era estar sentados enfrente de la chimenea y comiendo cual delicia no echada a perder se nos ocurriera. Un poco de tiempo familiar vestido de ropa cómoda y nada de prisas por terminar algo: teníamos todo el día.

Sigo aquí

Minientrada

Por cuestiones de un pequeño huracán y falta de computadora, no he podido escribir a gusto unos tres posts que tengo en mente. Lo más probable es que antes del lunes ya tenga completa comunicación. No os desesperéis, pronto escribiré.

Por su atención, gracias.

México en la Quinta Avenida

México en la Quinta Avenida

Justo cuando el sentimiento de extrañeza te sobrepasa, y lo único que quieres es estar en tus tierras, llega un momento mágico, como caído del cielo.
Iba junto con mis amigas recorriendo una de las calles que rodea Central Park, cuando empezamos a escuchar música un tanto familiar para nosotras, pero quizá para los estadounidenses no tanto.
Acercándonos hacia la Quinta Avenida (esa donde hay puras marcas carísimas), nos dimos cuenta de que estaba pasando un desfile. La cosa es que no era cualquier desfile, ni tampoco habían monos inflados enormes. No, era el desfile Hispano. Cuánta fue nuestra gran emoción de que nos cayera el veinte de que probablemente habría un carro alegórico de México llenando de alegría la Quinta Avenida!

Todo iba por orden alfabético; creo recordar que llegamos cuando Ecuador estaba pasando, así que todavía faltaba un ratito para que viéramos a México. Por lo tanto, nos quedamos paradas intentando ver entre las cabezas del público mayoritariamente hispano, lo que pasaba en esa famosa Avenida.

A los costados del desfile se distinguían puras cabecillas cafés y negras, sólo unas pocas güeras que andaban curioseando por ahí. Se notaba en sus caras un cierta extañación de ver a los hispanos tan felices de escuchar la música que sonaba en los carros alegóricos: cumbia, mambo, etc. La verdad es que no soy muy buena distinguiendo los tipos de música, pero el punto es que era del tipo que uno escucha en una boda y definitivamente se para a bailar aunque le duelan los pies.
Cada carro estaba arreglado de una manera muy alegre, haciendo alusión a los colores de su bandera nacional, mientras que otras personas de la misma nacionalidad bailaban detrás del carro usando la vestimenta típica del lugar, siempre con una sonrisa en la cara y dando lo mejor de sí. Lo más roba-corazones fue el ver a los pequeñitos dentro del desfile bailando su música tradicional. Ya saben, cualquier cosa en tamaño bebé da ternura.

Se podrán imaginar el calorcito en el corazón que sentí de ver a tanta gente unida, sonriendo y hondenado sus banderas, orgullosos de formar parte del grupo hispano viviendo en Nueva York. Dentro de este momento feliz, que me voy encontrando con un señor detrás de mí que vendía… churros! En ese momento recordé cuando fui a Disneylandia hace algunos ayeres, y me emocioné de la misma manera cuando vi un puesto de churros en el parque, para sólo encontrarme que no sabían para nada como los que tanto amo y que suelen encontrarse afuera de los templos. Grasita que vale la pena comer. Pero éstos se veían antojables, así que nos compramos un par de ellos y a pesar de que estuvieran un poco fríos, sabían casi como los mexicanos.
Me atreví a preguntarle al vendedor (en español, por supuesto) que de qué se trataba el desfile, y me contestó que es algo que sucede cada año desde 1985 con el propósito de demostrar que todas las culturas se aceptan y que todos son parte de la población neoyorquina, sin importar de donde vengan. Bastante lindo, no?

El momento de México se acercaba, pero con las prisas de tener que regresar a nuestras casas, mejor caminamos hacia donde estaba nuestro carrito alegórico. Como dice el dicho, ‘Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña’, y la encontramos justo enfrente de la tienda Louis Vuitton. Ahí estaba: un gran carro con los colores de nuestra hermosa bandera y gente bailando al son de la música tipo mariachi/banda. Fue muy curioso darme cuenta que de repente mi sonrisa no podía ser más grande, y sobre todo cuando volteaba a ver a los americanos que pasaban por ahí como queriendo decirles: ‘Miren! Soy mexicana y me encanta!’. Lo único que pasaba por mi mente, es lo suertudos que somos de tener un pasado tan rico, esos colores tan vibrantes, la danza, la gente, el sentimiento y la idiosincrasia que nos distingue, con sus partes buenas, malas o simplemente diferentes.

La vestimenta de los danzantes, para ser honesta, jamás la había visto antes en México, pero me pareció muy colorida y alegre, además de que no podía faltar la imagen de la Virgen de Guadalaupe plasmada en el lienzo. Se respiraba el orgullo, y también se exhalaba! Mis amigas y las demás personas a nuestro alrededor se la pasaron gritando ‘Viva México!’ y ‘Wooohoooo!’, con una que otra palabrilla altisonante por ahí. Yo simplemente estaba perpleja de que después de un día de hablar sobre cómo se nos antojaba una carne en su jugo y un agua de horchata, nos topáramos con este desfile que fue como una manera de la vida de decirnos: no sean lloronas, México siempre estará ahí.

Podrán decir que a una sólo le nace lo patriota cuando no está en sus tierras, pero saben qué es lo que pasa? A pesar de que es muy interesante ver los contrastes entre las tiendas de alcurnia como Van Cleef & Arpels o Tiffany y los carritos trayendo el orgullo mexicano a todo color, lo nuestro sigue estando en primer plano. Te ‘haces patriota’ porque te das cuenta de lo que formas parte, y también agradeces que los demás (los estadounidenses) se den cuenta de ello para mostrarle al mundo y a todas las televisoras que andaban de metiches ese día, que lo hispano tiene lo suyo.

Al final en vez de extrañar, agradecimos de haber sido parte de ese momento que sucede una vez cada año y que por casualidad nos lo topamos. Un agradecimiento a Nueva York por traernos un pedacito de México.

Siempre hay algo bueno

Imagen

Siempre hay algo bueno

Claro que he llegado a conocer cosas marvillosas de Estados Unidos y en específico de Nueva York y uno de sus suburbios. Siendo yo una foránea, comparo constantemente y me llama la atención cómo tenemos modos de vida tan distintos y formas de pensar. Dentro de esas diferencias, hay cosas bellas que apreciar de los buenos gringos. En primer lugar, tienen todo para todo. Y no es broma. Quieres un vaso para guardar leche cuando los niños jueguen fútbol debajo de la lluvia? Los venden, y con dibujitos de Spiderman. Algún accesorio para recoger hojas que estén mojadas por un río de agua dulce. Te lo manejan.
De verdad no hay excusa para decir que no encontraste algo o que te dé un indicio de que tienes una idea millonaria que nadie ha probado, porque acá ya está pensado y hasta está hermosa y cuidadosamente empaquetado. Las tiendas de manualidades, oficina y supermercados están atascados de cosas loquísimas y diseñadas específicamente para algo. Una queriendo sacar su lado ‘a la antigüa’ y nomás no.
En el suburbio donde vivo, las calles están SIEMPRE limpias, no hay graffiti, hay basureros con espacio por todas partes, y la gente los usa! Ya más en la zona residencial todo parece hecho por arte de magia, porque honestamente, me ha tocado ver unas dos veces en el mes que llevo aquí, que venga un jardinero a podar el pasto ya sea de mi casa o de los vecinos. Se han de cortar solitos o yo no sé, el punto es que siempre se ven impecables.

Antes de llegar a tierras de Obama, muchos allegados me decían que los estadounidenses suelen ser un poco distantes y no tan amigables, en especial en Nueva York siendo que todo el mundo está en su propio mundo y caminando a su destino. Afortunadamente no me ha tocado vivir eso. Cada que voy a la ciudad hay gente que me recibe con una sonrisa. Tan se saben visitados por turistas a cada rato, que mientras luchas por auto-tomarte una foto en Central Park, se acercan a ayudarte para que tengas un lindo recuerdo de su ciudad.
La vez pasada llegó un señor que se encarga de dar tips a visitantes que andan rondando Cherry Hill (una fuente enorme de Central Park que sale en películas como ‘Encantada’) y estuvimos platicando alrededor de media hora con él. Nos platicó un poco de historia de unos azulejos hermosos que están por ahí y de cómo conseguir boletos para Broadway a un precio razonable, así como de algunos lugares que sólo los neoyorquinos saben. Perfecto, era lo que buscaba.
Los chavos que se encargan de pasear en carritos a la gente por las calles de Central Park, además de ser muy internacionales y de buen ver, son muy amables cuando pasas cerca de ellos, sin atosigarte de que rentes la bicicletita. Siempre me encuentro con una sonrisa en alguna parte.
Sí hay diferencias muy marcadas entre suburbio y ciudad, como por ejemplo: el uso del cláxon. Pásate a Nueva York y es el pan de cada segundo. Hay veces que volteo y no veo razón por la que lo hayan hecho, así que tal vez lo tengan programado para sonar cada dos minutos. En cambio, en los suburbios, rara vez alguien se pone como loco; todos son pasivos y relajados, siguiendo los señalamientos.

Y he aquí un detalle que amo y adoro y que espero se realice también en México. Listos?

En las carreteras… no hay trailers.
Lo que siempre pienso cuando voy por Periferico, acá es realidad! Hay carreteras para autos y otras para trailers! Entonces no se andan mezclando y estoy segura que los accidentes no son tan recurrentes! No me pueden decir que no aman este detallito, que aunque de repente no te das cuenta, luego volteas y dices: ‘Y el camión lleno de tierra que va soltando gravita, dónde está?’. Además de eso, hay un carril específico para carros que lleven dos o más pasajeros, pensando que son los que más prisa tienen y por lo tanto se les da preferencia. Increíble.

Una última cosa que es bastante cómoda y ahorradora de tiempo, gasolina, y estrés de manejar, es que a los niños… los recoge el típico camión amarillo en sus casas. Debo decir que es una maravilla! Tu parte termina cuando esperas con la pequeña criatura afuera a que llegue al camión, y es muy chistoso ver a todos los niñitos esperando afuera de sus casas con mochila lista y cara de modorros. De esa manera, todos llegan juntos, socializan, y hay menos tráfico! Me fascina y me hace sentir civilizada.

Apenas llevo un mes aquí y ya he aprendido tanto. Espero ir encontrando más similitudes y diferencias que al fin y al cabo todos somos personas y sólo diferimos en nuestro modo de vida y nacionalidad, cosa que en Nueva York, se ve a cada rato.

Cada quien su cultura

Imagen

Cada quien su cultura

En la foto de esta vez, habemos personas con una cultura diferente por detrás, ya sea alemana, danesa, italiana o española. Lo que todos tenemos en común es que viviremos en la zona de Nueva York por un año y estaremos en primer contacto con la misma cultura: la estadounidense.

En el mes que llevo aquí me he dado cuenta que vengo de un gran país que puede llegar a ser subestimado, y de forma más específica: Guadalajara, de donde yo soy. También he notado cosas muy buenas de esta cultura y forma de vida que podrían aportar mejoras a otros lugares del mundo. He aquí una pequeña lista de lo que ha saltado a mis ojos tapatíos:

COMIDA Y HORARIOS
Tardé como tres semanas (y continúa) en acostumbrarme al hecho de que acá la comida fuerte es la cena. Por lo tanto el dicho de ‘desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo’ es motivo de risa para los norteamericanos. Acá se desayuna a las 7.30am, que a esas horas mi estómago ni siquiera está despierto, se come a las 12pm algo muy ligero, y se cena a las 5.30pm ya sea pasta, carne o algo que un buen mexicano tendría como comida a las 2.30 de la tarde.
Como todos bien saben, la mayoría de la comida es congelada y por ejemplo, hasta los pepinos vienen empaquetados… nada de agarrarlos con todo y tierrita en el super.
El camión de Ciel gritando en la mañana para ver si quieres uno o dos garrafones? Para nada. Acá te compran lo que son las botellitas al por mayor (ahí te encargo el basural) y te manejan el agua de la llave que me da un poco de desconfianza. Yo por eso me atasco de Snapple (tipo Nestea) cuando puedo, estoy enamorada de esa marca.

VESTUARIO
Este es un punto muy curioso. Me he dado cuenta que muchas mujeres y hombres de Guadalajara, se visten con la influencia de USA, tomando marcas y estilos que se ven ya sea en Pinterest, revistas y bueno… ustedes entienden. Tenemos como resultado que casi todos se visten igual y tienen las mismas piezas de vestuario. Muchas nos queremos ver bien, pero que no se note que le pensaste mucho. Te quieres ver casual, fashion y que se vea que el vestirte bien es algo inhato en tí… siguiendo la percepción que tenemos de las personas famosas en las revistas.
Cuál es la gran diferencia? Que las y los norteamericanos ‘de verdad no se la piensan’. No digo que no les importe la moda, pero ellos de verdad agarran lo que se les ponga enfrente… y se ven bien! La cosa es que hay muy buena ropa y diseños por todos lados, por lo tanto, todo combina y aunque no, se ve perfectamente balanceado. Entonces, por eso la gran mayoría de estadounidenses dan la facha de que no se la piensan… porque así es! Un buen arsenal de ropa y combinable hace la diferencia. Es el feeling que hay detrás al momento de vestirnos el que es diferente. Espero haberme explicado.

ACOMODO URBANO
Extraño esos camellones con flores, arbolitos, uno que otro pobre perro atropellado (eso no lo extraño la verdad) y los ‘recientes’ anuncios de ‘Zona verde cuidada por Lonches Amparito’. Al menos en donde yo vivo, no existen estas cosas para dividir a los que vienen de los que van. Me ha costado trabajo porque los camellones te ayudan a saber dónde puedes dar vuelta y hacia dónde. Acá es a la brava; quieres irte a la derecha? Pon tu lucesita y a darle! Eso sí, un aplauso a la gente de estos rumbos porque para todito.com ponen sus direccionales, aunque estén solos en su coto y no haya ni un alma viendo. Todos lo hacen.
El deporte extremo de cruzar la calle cuando nadie viene y de repente quedarte parada entre los carriles esperando a poder pasar, se ha esfumado de mi vida. Mi mente me dice que corra, no viene nadie. Pero acá no aprecian ese deporte tan bonito, esa interacción única entre peatón-carro. Acá hasta te piden que le piques a un botoncito para que el semáforo sepa que gustas cruzar y te dé 20 segundos para hacerlo. En el inter, pues te pones a ver los miles de Mercedes Benz que recorren las calles junto con los muchos que otros Audis. Y Range Rovers. Ya me entendieron el punto, no?

Tienes ganas de ir al baño en plena calle? Pues te aguantas! Porque dentro de los miles de tipos de gasolineras, no hay baños, y mucho menos una tiendita donde puedas comprar el chicle del momento o una deliciosa Gloria. Una cosa muy curiosa es que acá todo está separado por zonas, como buen suburbio. Las oficinas acá, las casitas fresonas por allá y las escuelitas por acullá. Entonces digamos que no puedo caminar una cuadra para llegar con Don Mario o a la carnicería para comprar el antojito de la tarde. Unas galletitas, algún aperitivo? Camínele 15 minutos o agarre su carro hacia la calle principal para poder comprarlas. Nada de tener todo mezclado como en México donde bien puedes tener un hospital en la esquina, y enfrente una lonchería para ir con tus amigos a echarle un ojo a los doctores.
Jamás pensé que extrañaría el tener un Oxxo en cada esquina y que las referencias para llegar a la fiesta de tus amigos fueran los puestos y tiendas del rumbo. Le pido a la vida que no me vaya a perder el día que agarre el freeway, highway o cualquier way y se me vaya la salida correcta. Lo bueno es que acá el GPS es un ‘must’ y básicamente es un salvavidas. Tan acostumbrada que estaba yo a checar en Google Maps primero el cómo llegar, para en el camino reconocer todas las referencias.

He llegado a amar todavía más a mi país y entender que todas esas cosillas de las que de repente nos quejamos o ni nos damos cuenta, son las que le dan el saborcito a nuestro día a día mexicano. Estados Unidos tiene mucho que aportar, pienso yo que nuestro papel es no menospreciar lo que tenemos nosotros y tomarlo como un aprendizaje. Un final bastante cursi, lo sé, pero México se lo merece. Mi hogar, que tanto extraño, se lo merece 🙂